Buscó el libro en su mochila y se acomodó en el sillón del lobby pegado al ventanal que mostraba un Paris húmedo, bajo el cielo gris, recogiendo las miradas de los turistas que corrían por la angosta calle.
Si algo le gustaba era sentarse en el Bar y observar el mundo girar, con el paso apresurado de la gente uniformando la ciudad. Otros, los más audaces, entraban al Café...
La librería de la rue de la Huchette (segunda parte)
Antión abrió lo ojos cerca del medio día. Había dormido tan profundo que la claridad del nuevo día levantó el sol hasta casi lo más alto sin darse cuenta. La lluvia parecía haber emigrado a otro país dejando sólo el frío atorado bajo el cielo de Paris.
La espera
Si después de tanto tiempo que te esperaba venís así, con las manos vacías, los ojos nuevos de tanto anhelo ajeno y la pasión reflejada en mí, debe ser que dentro mío ya vivías hace tiempo, hace mucho tiempo…
Camarote nº 12
Si el tren a Innsbruck salía a horario Antión podía estar antes del atardecer. Eso sería bueno para encontrar un hotel y poder comer algo antes de caminar por la ciudad. Antión se había acurrucado por el frío en un banco del andén esperando que las vías llenaran sus durmientes con los pesados vagones, tomó un cigarrillo de la mochila y lo encendió mirando los pasajeros correr por la estación. No estaba mal para ser un lunes a la mañana, la gente se aglomeraba en la puerta del tren, la impaciencia corrompía algunas almas bajo la fría mañana en la estación de la gran ciudad suiza.
Conversaciones con Lucas
-Pasame un mate.- pedí a Lucas.
-Si vos no tomas.
-Ahora, sí.
-¿Desde cuándo?
-Desde ahora…
Lucas me ofreció la calabaza con la bombilla en su interior. Nos quedamos en silencio mirando la televisión mas por no tener nada que decir que por ganas. Lucas paseaba por los distintos canales intentando encontrar en vano un programa de interés o algo que nos arranque una sonrisa.
Del piso 17
Y desde acá, de la torre más alta de la península, subido al departamento tan lujoso, paso las noches en una trágica soledad. Deambulo como autómata del cuarto al living, paso por la cocina, preparo un café con sólo apretar un botón y me siento en el sillón dejando morir mis pensamientos en los barcos de enfrente, anclados esperando navegar si el tiempo invernal así lo dispone. El viento sacude los ventanales violentamente, sumergiendo al departamento en un ruido casi insoportable, como si un huracán predijera su llegada. Desde la torre más alta de la península, claro estandarte de mi vida económica, veo como la naturaleza impone sus reglas ante lo construido por el hombre, que se levanta solemne sin pensar en sus debilidades, que, por ser artificiales, ponen de manifiesto su condición de frágilidad.
Lucca
Un café de mañana acostado en la cama con la luz de la ventana reposando en la almohada me despabiló casi como un shock eléctrico. Salté al frío piso de madera y corrí a buscar mi ropa que había pasado la noche durmiendo sobre la mochila, en la otra punta de la habitación que había alquilado por pocas liras. Roma se engrandecía detrás de la alta ventana. Decidí salir a recorrer sus imperiales calles dejando la bandeja con el café apoyado entre las sábanas deshechas y una media perdida que no pensaba buscar.
Armónica a dos bocas
El Tano y el Panza son dos amigo del barrio. Ellos estudiaron en el conservatorio de música de la escuela “ Tito y su gaita mágica” del centro de estudios de “Fenómenos Para-musicales”.
Garrón
Jean caminó por las calles sin darse cuenta que un hombre lo estaba siguiendo. Durante todo el trayecto al estudio el sospechoso se le iba acercando cada vez más y más. Parecía que algo contra su persona iba a cometer. Jean en un desesperado movimiento sacó un lápiz y se la clavó en el estomago. El hombre cayó desvanecido así como también los panfletos que repartía con invitaciones al Café Tortoni. Jean pasó treinta años tras las rejas. Un garrón.
Deseando ser lo que nunca fue
Deseando ser lo que nunca fue, reprimió la mirada inocente en los ojos de su padre que lo miraba sin mirar, tenaz, duro, con la frente de acero inmaculado por una historia que no fue, pero si en sus pensamientos. Agachó la cabeza como buscando algo en el suelo y siguió camino entre los pinos pisando la pinocha húmeda de la mañana. No había lugar que no conociera, no había sueño que no soñara, pero despertaba de madrugada hundido en la cama con los ojos puestos en el cielo saltando de nube en nube, iluminado por los focos de la fama, tenaz, duro, con la frente inmaculada por una historia que no fue, pero si en sus pensamientos.
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